lunes, 27 de febrero de 2012

Six.



Perfect by nature 
icons of self indulgence 
just what we all need 
more lies about a world that 

Never was and never will be 
have you no shame don't you see me 
you know you've got everybody fooled.





POV Elisabeth
Vale. Si. Para que negarlo. Estaba nerviosa. Nada más abrir los ojos ya me empezó a temblar el labio inferior. Me esperé hasta las diez menos cuarto, a esa hora ya podíamos salir los días de clase, y lo primero que hice fue mirar el buzón. Estaba ansiosa por saber “el gran poder por el cual estaba en esta ciudad”. Antes de abrir el sobre, empecé a pensar. ¿De verdad yo destacaba en algo? En el mundo normal yo me salía mucho de lo normal. Es más, era normal y corriente. Salvo por el hecho de que amigos… tenía pocos. Cuatro contados. Les echaba de menos.
Cuando recordé a mis pocos amigos odié aún más estar en Super City. Sabía que nunca me podría acostumbrar a estar ahí, lo sabía desde que abrí los ojos en mi habitación oscura con los símbolos de los jodidos líderes que se creían tan híper especiales. A lo mejor era esa mi cualidad. Odiarlo todo de tal manera que podía matar a alguien.
Cerré los ojos suspirando, intentando alejarme de pensar por un momento y abrí la carta. Cuando divisé lo que parecía ser mi cualidad no pude evitar sorprenderme.
Resulta que me habían seleccionado porque era hacker. HACKER.
¿De verdad necesitaban hackers los líderes? ¿No se suponía que son tan perfectos y listos y estupendos?
Después de asimilar esa noticia tan poco normal me di cuenta de que no iba a estar ni con Ann, ni con Claire, ni con May. Me cabreé y me puse más nerviosa aún. Cada una tenía una cualidad diferente y estábamos en distintas clases.
Iba a estar sola. Bueno, con la gente de clase, pero sin conocer a nadie. Me sentía como el primer día de instituto y me empezaron a sudar las manos. Como una cría, una jodida cría.
La gente se empezó a amontonar y yo fui donde me siguió la corriente. Resulta que primero tenías que ir a desayunar y después hacia clase. Y cuando digo desayunar, digo pasar corriendo por una barra e ir comiendo por el camino. No tuve tiempo ni de buscar a alguna de las chicas para que me tranquilizaran un poco, porque de verdad que lo necesitaba.
Al llegar a lo que se suponía que era la clase no vi nada fuera de lugar. Las clases eran como de universidad, muy anchas por eso y con un ordenador impresionante en cada pupitre. En la puerta había un altavoz y dos botones. Uno verde y otro rojo. Cuando entré estaba de color verde, y cuando ya nos sentamos todos (que éramos bastantes, por cierto) se tornó de color rojo.
No quería ni mirar a la gente que estaba a mí alrededor. Por puro miedo. Pero al final me atreví a echar una ojeada al menos a los que tenía al lado. Dos chicos. Me dispuse al menos a saludarles y presentarme, para ir perdiendo el miedo, pero estaban tan absortos con el ordenador que tenían delante que ni siquiera se percataron de que había alguien al lado suyo. A sí que observé el ordenador con gesto aburrido mientras esperaba que alguien o alguna máquina nos diera instrucciones.
Fue fijar la mirada en la pantalla y aparecer una ventana en señal de aviso. Me fijé en las pantallas de los demás y tenían lo mismo que yo, por lo que pensé que la supuesta clase iba a empezar. Pero de pronto se empezó a escuchar “Error” repetidas veces en todos los ordenadores. Me estresé y busqué ayuda con la mirada. El chico que estaba a mi lado, con toda la calma, tecleó un par de cosas mientras yo lo miraba desde mi asiento. Los demás estaban igual que yo. Confusos, estresados, sin saber que hacer.
De pronto, el ruido cesó. El chico que estaba a mi lado se giró y me sonrió, como si quisiera calmarme.
-       ¿Qué has hecho? – le pregunté extrañadísima.
Iba a abrir la boca cuando una voz metálica empezó a sonar por toda la sala:
-       Bien hecho, número 186. – la gente empezó a murmurar cosas a nuestro alrededor y yo lo único que podía hacer era seguir observando al chico con una ceja alzada. – Esto ha sido la prueba inicial para vuestro grupo, los hackers informáticos. Me sorprende que solo número 186 haya sido capaz de arreglarlo.
“¿Prueba inicial? Tócate los cojones.”
-       ¡Nos podrían haber avisado! – chilló gente que tenía mas atrás, como si me hubiese leído la mente - ¡No estamos preparados!
-       Silencio. – la voz metálica continuó hablando. – Si estáis aquí significa que estáis lo suficientemente preparados como para arreglar este tipo de problemas.
Me sentí inútil. Absorta por el pánico, ni si quiera me dio tiempo de reconocer que tipo de error era el que había en los ordenadores. A lo mejor no era tan buena como pensaba.
-       Veo que hay mucho trabajo y vosotros tenéis muchas cosas para aprender. - la voz hizo una pausa, cosa que la gente aprovechó para quejarse. No duró mucho. – Soy la computadora que va a dirigiros durante estos cursos.
-       ¿No hay profesor? ¿Nos dará clases un puto ordenador? – susurré para mi misma. Pero el grandioso número 186 me escuchó y se giró hacia mí.
-       Veo que es tu primer año.
-       Llegué hace dos días. – contesté. - ¿Cuánto llevas aquí?
-       Más de dos días.
“Humm, un chico de pocas palabras.”
-       ¿No te molesta estar aquí? – le pregunté. Me sorprendí a mi misma. Parecía que tenía la gran necesidad de preguntarle a la gente porque estaba metida en esa mierda si era... bueno, eso, una mierda.
-       Haces muchas preguntas. – me contestó, sonriéndome. En cambio, a mi me pareció de lo más borde. Al ver que no tenía intención de contestarle, continuó. – ¿Cómo te llamas?
-       Número 123. – le dije, sonriéndole falsamente. Él rió.
-       El de verdad.
-       No tienes porqué saberlo, número 186.
-       Está bien. – dijo. – Me llamo Matthew.
-       Pues muy bien.
Pensé en que no le iba a decir nunca que me llamaba Elisabeth, para mantener la tensión del ambiente, a parte de que no me daba la gana que lo supiera, me había caído mal.
El chico en cuestión, vamos, Matthew, me agarró la mano en ese preciso momento y noté una descarga eléctrica que me llegó hasta la cabeza. Fue ligero, pero casi me dolió. Noté que sus ojos se clavaban en mí y no supe como reaccionar. Después de dos angustiosos segundos, me soltó.
-       Un placer, Elisabeth.
Abrí la boca alucinada e indignada a la vez. ¿Qué cojones…?
-       ¿Cómo lo sabes? – le pregunté rozándome la mano. Aún notaba la pequeña descarga.
-       Ya te he dicho que haces demasiadas preguntas.
Me di por vencida y bufé, poniendo las manos en alto en señal de desesperación.
-       Está bien, tú ganas, me callo.
Matthew sonrió y siguió escuchando la voz, que, aunque yo creyera que no, seguía hablando.
No puedo recordar exactamente cuanto rato se pasó la jodida computadora hablando de cosas que ya sabía, rollo “los líderes son estupendos” y “tenéis que esforzaros para que esto funcione”, pero cuando por fin se calló, me levanté. Quería irme de allí. A sí que fui escaleras abajo para dirigirme a mi habitación. Fingiría un dolor de estómago por los nervios o algo así. Además, que cojones, ahí no había nadie que me impidiera salir.
O eso creí.
Cuando agarré el pomo de la puerta para salir, una vocecilla salió del aparato de los botones rojo y verde. Coño, así que era un cerrojo.
-       No puede salir.
-       Oh, venga, tengo que ir al baño. – me inventé. – Voy a volver, lo prometo.
-       No puede salir. – repitió el aparato. Me dieron ganas de agarrar un martillo y cargármelo.
-       Hijo de puta. – murmuré mientras me daba la vuelta para volver a mi asiento.
-       No puede salir. – volvió a repetir. Al parecer tenía un sensor de voz para cuando detectara alguna frase, contestar “No puede salir”.
-       ¡Que ya lo séeeeeee! – grité. - Maldita máquina.
Cuando me senté en mi asiento, de brazos cruzados, Matthew volvió a hablarme.
-       ¿Problemas para hacer campana?
-       Oye, que te jodan. – le contesté, harta de sus tonterías.
-       Venga mujer, eres hacker, algo podrás hacer.
Su sonrisa tan agradable a la vez que molesta me hizo pensar. Que coño, tenía razón. Seguro que podría acceder al sistema de seguridad y desactivar aquella cosa. Miré alrededor. Todos estaban ocupados haciendo vete tú a saber qué. No me podían pillar.
-       Tienes razón.
-       ¿Te echo una mano?
-       Con que te calles me basta. – le sonreí, mientras agarraba el teclado.
-       Podría ayudarte… - susurró. Giré mi cara y le dediqué una de mis miradas de “Te estoy diciendo que te calles, y va en serio.” A lo que él respondió. – No he dicho nada.
-       Así me gusta.





*
Oh, hi.
YA, YA LO SÉ, DIEZ DIAS SIN SUBIR, MEREZCO LA MUERTE.
Bueno pues aquí está el nambar siks, no tengo mucho que decir sobre este capítulo. Bueno, si, quedaros con este capítulo por que es una de las bases de la historia (y hasta aquí puedo leer)
NADA MÁSSSSSSSSSS, comentad que IT'S FREE y nothing more to say :3


Baaaaay.

2 comentarios:

  1. No me preguntes por qué, pero me he descojonado con lo de "Odiarlo todo de tal manera que podía matar a alguien." quizá porque me ha recordado a mí, jajajaja.

    Jo, tendrías que hacer los capítulos más largos, que me quedo con ganas de más. Y subir more often, cofcof. (y más ahora que se pone interesante e.e)

    mucho lofffffff <3

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